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Okzelui

09 diciembre 2007

EL HUECO DE LA CAMA



Nunca dejaba nada sobre la cama, cerca del lado de la pared, porque todo lo que caía entre la cama y la pared no aparecía nunca.

Siempre recordaba aquella vez cuando se le cayó el libro que le regaló su abuelo y pasó tres días mirando por el hueco, tumbado en la cama, viendo el libro en el fondo, sobre aquel suelo verdoso, preguntándose por qué esa sala que veía se ampliaba hacía el lado contrario que su habitación.
El segundo día gritó, pero nadie respondió.
Decidió retirar la cama pero cuanto más la retiraba, más pequeño y oscuro se hacía el hueco, y este desaparecia justo cuando el tamaño era el exacto para que él pudiera dejarse caer. Una vez intentó ser más rápido que el hueco y se torció los dedos de las manos contra el suelo. Se preguntó donde estarían todas las cosas que se le habían caído por el hueco de la cama, porque allí abajo solo veía el libro. Al tercer día apareció aquel hombre, con su barba gris, cogió el libro, lo hojeó y le dió las gracias mirándole. Su voz era pausada y profunda, y pensó que sería consecuencia de vivir allí abajo en la profundidad.


- Es de mi abuelo. Me lo regaló.
- ¿Cómo está tu abuelo? Solia regalarme periódicos. Hacía tiempo que no me daban libros. Prefiero los libros.
- Mi abuelo está de viaje. Se fue hace nueve años y aún no ha vuelto. Me escribe cartas. ¿Tienes tú mi camiseta roja?
- Claro. Pero me está pequeña.
- ¿Podrías devolvérmela?
- No alcanzo hasta ahí arriba. Además ella no me deja devolver nada.
- ¿Quién es ella?

Pero el anciano de barba gris sonrió y se fue sin responder.

Cada libro que leía lo dejaba caer por el hueco entre la cama y la pared y esperaba a ver cómo aquel anciano de barba gris lo recogía y le daba las gracias.

- ¿Cómo puedo bajar yo?
- Nadie puede bajar aquí. Solo salgo los días de niebla.
- ¿Cómo vuelves a entrar?
- Por las camas vacías.




Los días de niebla salía a pasear esperando ver al anciano de barba gris y se acostaba más tarde para dejarle volver por su cama vacía, pero nunca logró verle.

Una vez dejó caer una chocolatina. El anciano de barba gris miró la chocolatina extrañado y preguntó que para qué servía aquello. Comprendió que abajo no comían nunca y comenzó a perder la ilusión por vivir allí alguna vez.
Se dió cuenta que los días de niebla el suelo se volvía rojizo.

Cuando llovía, el anciano de barba gris se sentaba en una silla pegada a la pared y recitaba poesías que luego no recordaba. Desde entonces dejó de odiar los días de lluvia. Solo lograba acordarse de la última frase que recitaba el anciano de barba gris.
Aquella última frase le intrigaba y se pasaba días pensando en ella y la repetía sin parar cuando paseaba...."y entonces encontraré la paciencia del cazador ".
Cuando el anciano pronunciaba esta frase, levantaba el brazo derecho y con el índice señalaba el techo que era su suelo.


- ¿Quién es el cazador?
El anciano de barba gris se quedó mirándole seis horas a los ojos. Luego le dijo que faltaban catorce días para que lloviera y se fue.

A los trece días dejó caer un libro de poesías de Rilke y otro de Wihtman. Al día siguiente llovió.


escuchando: Radiohead - Videotape

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7 Comments:

Blogger Suntzu said...

Me ha encantado.:)

10/12/07 21:14

 
Anonymous Anónimo said...

Si los bajos de las camas hablaran, la de istórias que saben... y la de histórias que esconden.

11/12/07 20:46

 
Blogger benzodiacepinas said...

¿no le daba miedo ella? ¿la oscuridad?

... no sé... :)

13/12/07 09:08

 
Blogger Shirley said...

A mí también me ha encantado, gracias por compartirlo ;)

16/12/07 04:26

 
Blogger Okzelui said...

Suntzu y Shirley, me alegro de que os haya encantado.

Cruzcampero, mejor que los bajos de las camas no cuenten muchas cosas jeje, es cierto.

Benzodiacepinas, esas preguntas igual encuentran respuestas cuadno la historia continue. Pero te adelanto que es imposible que ella le diera miedo. Los motivos son otros. Tampoco hay miedo a la oscuridad. :)

Saludos y besos. Cruazqui, pa´ti solo saludos jaja. :)

17/12/07 13:27

 
Blogger Tamaruca said...

Qué genialidad, lo sugerente que puede llegar a ser la rendija que queda entre la cama y la pared para determinados ojos...

Ojos de niño :)

Me pareces un afortunado por conservar esa mirada.

Un besito, guapo.

17/12/07 22:14

 
Blogger Okzelui said...

;).
Nunca debemos perder ese pequeño lugar donde la imaginación encuentra la infancia perdida.

Un besito guapa.

21/12/07 15:12

 

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